[Resumen]: El cuento trata, brevemente, de una experiencia aterradora que le ocurre a un extraño al ingresar a un pequeño pueblo y toparse con un par de casas en especial. Cargado de un suspenso necesario, se va revelando un acto criminal reciente, tan reciente que resulta asombroso (y más aún con la lectura de la descripción final echa por el ficticio diario de “Algún lugar”). Humildemente, un cuento inspirado por la lectura de uno de los cuentos del señor Edgar Allan Poe, “el gato negro”.

[Palabras claves]: Suspenso, crimen, extraño, experiencia, aterradora, homicidio.

Dedicado a mí amiga, Jade.

Un extranjero entró en un pequeño pueblito en donde sólo había un par de casas. Esas casas estaban pintadas del mismo color y por pocas precisiones casi eran iguales. El sol se encontraba arriba del extranjero al momento que se acercaba a una de las casas donde al entrar al pórtico de madera golpeó unas pequeñas campanas colgadas. Golpeó varias veces y nadie salía. Continuó golpeando sin encontrar respuesta. Decidió ir a la casa de al lado. Para ello tuvo que caminar bajo el sol unos metros que casi fueron eternos. En aquella casa no había campanas pero si había un cartel: “Vuelvo en cinco minutos”. La próxima casa se encontraba un poco lejos así que decidió que se quedaría allí a esperar que llegue el dueño. Busco uno de los escalones más cómodos del pórtico de la casa, el cual a diferencia de la casa anterior, este tenía un color rojo un tanto gastado. No se detuvo a pensar a qué se debía aquella elección del color. Tal vez habrá sido el calor de aquel día o -¡no sé qué cosa!, mencionaba para si el extranjero, pero sintió que aquel lugar era algo extraño: muy diferente a lo que pudo haber imaginado nunca.

Empezó a mirar lo inscripto en el cartel de la casa tratando de descifrar algún mensaje que tal vez el dueño haya puesto a propósito, tal vez para advertir a los que se acerquen. Sonó algo ridículo pensar en eso para el extranjero: -¿Que ocultaría la casa para que alguien quiera alejar a algún posible curioso? Nunca supo cuánto tiempo estuvo allí tratando de descifrar algo indescifrable; su reloj no funcionaba. “Vuelvo en cinco minutos”. Tal vez esos cinco minutos se convirtieron en diez, -¡vaya a saber uno!, dictaba su mente. Tal vez la noción del tiempo del dueño era “antigua”, simplemente para dar cuenta que no se encontraba allí. -¿Tal vez le ocurrió algo al dueño y su familia no lo sabe? No, eso no es de mi incumbencia.

Miro hacia afuera del pórtico y no vio nada raro, solo que una mosca se arrimaba volando y se posaba sobre uno de los escalones del pórtico moviéndose intranquila sobre una de las secciones desgastadas del pórtico. Al cabo de un momento observo bien el lugar donde rondaba la mosca y vio que era una “mancha” en lo que se asentó esta. -¿Sera algún “dulce” o “rastro de fruta” lo que atrajo a esa mosca? No quiso pensar por qué algo así habría en el escalón. No sintió la necesidad de tocar la mancha para verificar qué era eso. Sin embargo, lo poseyó una pregunta: -¿Acaso sería sangre? -¡Sal, corre de aquí!- Su mente gritaba con un tono muy bajo, es un lugar sospechoso. -No es nada, no es nada raro, se decía a sí. Al cabo de un rato le pareció que ya habían pasado más que aquellos cinco minutos que el cartel afirmaba en tono recto: “Vuelvo en cinco minutos”. Ya estaba cansado de esperar a lo que decidió levantarse y estirarse sin notar que, con ello, vería algo raro en la casa contigua. Vio algo moverse en aquella, más en específico en la ventana de arriba, la cual estaba abierta, cosa que no había notado. -Esto se está poniendo raro, comentaba para sí. El día estaba cada vez más llegando a su faceta más seria: en pocas horas comienza el crepúsculo. De pronto escucho algo, unos sonidos raros que no supo identificar de dónde venían, los cuales por lo menos no venían desde la casa en la que se encontraba. Le estaba hartando esperar, a lo cual se paró y se dispuso a caminar. En el “hasta ahora” pequeño trayecto que recorre hacia la casa continua lo espanto por lo “grande” que se había hecho el recorrido. En la primera casa golpeó las campanas nuevamente para ver si alguien lo atendía. Seguía sin respuesta. Pensó en ese momento que tal vez le estaban jugando una broma, una broma para asustar a los extranjeros y no molestaran. -¡No, eso no harían! Otra parte de sí decía lo contrario. -¡Te vieron la cara! ¡No ves que había movimientos en esta casa desde la ventana! Te están observando y riendo. Eso molesto e hizo cambiar el ánimo del extranjero. Molesto, caminó a paso acelerado hacia la casa del cartel y arremetió contra la puerta sin importar ni siquiera el cartel y desobedecer el mensaje. La puerta no ofreció resistencia y se abrió al más leve toque del extranjero.

Posterior a esto, el extranjero solo atinó a retroceder temblando, con sudor frío en la frente, su piel pálida y sus ojos estaban desbordados: como cual hombre al ver el rostro tan cerca del “miedo más primigenio”. Tragó saliva y no pudo ni siquiera decir nada, el extranjero huyó en ese mismo momento de aquella casa del cartel. Su corrida fue tal que levantó polvo al momento que se retiraba. No miro en ningún momento hacia atrás el extranjero, pero aquel cartel lo seguía mirando, con ojos muertos, sin vida, con un mensaje indescifrable. Tal vez la puerta vuelva a cerrarse y otra persona lea el mensaje. Aquel mensaje que el extranjero nunca jamás quiso haber leído: “Vuelvo en cinco minutos”.

“Noticias de Algún Lugar”.

Noticia: Brutal homicidio en pequeño pueblo.

Una familia fue cruelmente masacrada en un lugar por sujetos desconocidos. Tal fue la violencia del hecho que es irreconocible la escena del crimen. Una de las personas constituyentes de la familia intentó escapar a la casa contigua y fue alcanzada por un cuchillo lanzado por uno de los asesinos. Con sus últimas fuerzas ingreso al domicilio de la casa de al lado y fue degollada en esa misma entrada. La familia dueña de la casa fue víctima también de estos actos. Los investigadores hacen los peritajes necesarios para buscar a los asesinos. Uno de los casos más grotescos de los últimos tiempos.