Algodón de Azúcar
RESUMEN.
En la actualidad existen padres que aun intentan proteger a sus hijos de los diferentes problemas que aquejan a esta generación de jóvenes, pintándoles que el mundo es de color de rosa y que nada saldrá mal si no salen de la burbuja en donde se encuentran claramente a salvo. Pero no todo es esta manera, pues existen personas que sufren por no poder tener la calidad de vida que desean como el poder llegar a casa y recibir un cálido abrazo de tu madre o un beso de buenas noches de tu padre o también están aquellas a las que hemos aprendido que en la vida puedes sufrir pero también reír y por esas personas que sufren por la falta de cariño en sus vidas o que llegamos a experimentar el trato de la vida por la que escribo este pequeño relato. Porque no todo puede ser de algodón de azúcar. Una ligera brisa empezó a impactar directamente contra su rostro haciendo que por un momento cerrara los ojos; pudiendo disfrutar del aquí y del ahora; dejando todo su turbio pasado en el lugar que le correspondía, trasladándose a una dimensión en donde únicamente podría existir ella y una completa paz.
Sabía que en cuanto emprendiera el camino de regreso a su “hogar” todo volvería a ser exactamente igual. La indiferencia de sus padres, los abusos de sus compañeros de clases y sus constantes burlas.
Estaba harta del ritmo que había adquirido su vida. Solamente deseaba volver atrás, al tiempo en donde aún se encontraba en el orfanato; aquel desgastado edificio en donde dio sus primeros pasos, conoció el valor de la amistad, le habían educado el valor de una familia, le enseñaron la bella luz que irradiaba su alma y la llenaron de sueños que… nadie podría destruir.
Probablemente hubiera querido permanecer por más tiempo en todo ese mundo de algodón de azúcar; ajena y oculta a la malicia de la raza humana aquella que tiene el poder de tomar tu ser y manipularlo a su antojo, aquel mundo realmente cruel que no le importará que seas una criatura “indefensa” con tal de destruirte y dejarte totalmente en la ruina, pero… no le dieron la capacidad de decidir.
De poder tomar las riendas de su joven vida.
Simplemente la habían mandado a llamar esa tarde lluviosa a la oficina de la madre superiora sin prepararla para el nuevo futuro que le esperaba. Uno en donde sus recursos económicos sobreabundaban, pero el cariño y calor familiar escaseaba peor que el agua en un desierto.
Aborrecía profundamente ese círculo vicioso que se había formado a su alrededor, llegar a esa gigantesca mansión y pasar todo el día en soledad, sin un abrazo, un beso o caricia por parte de sus “padres” y toda esa apatía se sentía como si su corazón se estuviera partiendo en millones de pedazos y pequeñas estacas de cristal se incrustaran en su pecho. Provocándole un dolor que aun suele cargar consigo.
Muchos dirían que no le importaba en lo absoluto lo que le ocurriera; pues mostraba fastidio ante todo y todos. Pero eso solamente era una pequeña fachada que aprendió a crear. Poco a poco se alejó de la tierna niña que era y se empezó a transformarse en esa chica que llegaba a la preparatoria manejando a toda prisa su nueva motocicleta; vestida con la ropa más ceñida que podría encontrar y con la nueva manía de fumar donde fuese sin importar en que sitio se encontrara.
La habían transformado sin mostrar un mísero gramo de clemencia y todo por falta de atención, amor y cariño de una verdadera familia. Y tristemente aprendió que no todo es puede ser de algodón de azúcar.