Sediento de amor y deseando un pedazo de cielo en un mar de recuerdo; sollozando mientras entre tinta y papel encierra sus penas; en las hojas de otoño esconde sus temores. El camino se volvió frío y aprendió a no confiar, la vida lo había traicionado pero la muerte lo había perdonado. Tenía un pasado tormentoso lleno de espectros que ahora solo viven en su mente, no puede liberarse; lo ha intentado muchas veces y por más que trata solo falla en conseguirlo. Lo lastimaron, lo destrozaron y le arrancaron el corazón.

Él tiene miedo, miedo a volver a perderlo todo porque así terminó su historia: consumido por la tristeza se lanzó a las aguas del río en donde las almas desesperadas saltan hacia su muerte y desde el abismo piden ser salvadas.

El viento se torna frío y la noche caía, aunque después de todo, uno siempre vaga por la vida en busca de satisfacer los deseos de la carne y buscando retoños de luz que alumbren el camino de dos cuerpos desnudos. Tus labios me llaman y tus pupilas me seducen. Tu olor en mi cama quedó como evidencia de nuestro amor, pero hay algo que no tiene sentido: aquí despertamos ambos en brazos ajenos. Mis ojos lloran por ti cuanto te echo de menos.