Cada defecto estaba marcado como pequeñas pecas por toda su delicada cara. Ella era hermosa, mente y alma, pero ¿cómo puedes hacer creer eso a alguien que una y otra vez ha escuchado que es horrenda? Era una maravilla lo ignorante que era con respecto a su propia exquisitez. ¿Estaba hecha para amar o para admirar puramente?

Sus rasgos artísticos la hicieron encantadora. Ella era abstracta, en el sentido de que tenías que acercarte para comprender su significado.

Su corazón estaba lleno de tejido cicatrizal aferrándose al resto de su ser. Ella había pasado por la guerra, su mente y su espíritu siendo los principales oponentes. ¿Podría mantener su cordura y su carácter espontáneo y salvaje sin perder su existencia?

¿Podría seguir viendo y escuchando si perdiera la vista ante lo cruel y su oído ante la desesperación? ¿La arruinarían o harían que su ignorancia se convirtiera en conocimiento crudo? ¿La obligarían a darse cuenta de lo inadvertido o la dejarían mantener su inocencia? ¿Podrían salvarle la vida haciéndola contemplar el cambio que solo ella podría hacer?

¿Cómo salvar una vida si alguien ya se ha ido? Hazla decidir, dijo la consciencia. Hazla conocer, dijo la mente. Hazla sentir, dijo el corazón. Hazla errar, dijo el espíritu.

Hazle notar, dijo el ciego. Haz que respire, dijo la ansiedad. Hazla escuchar, dijo el sordo.

Déjala vivir, dijo el muerto.