Corren, los días, temerosos, Ahogados en el terror de la incertidumbre. Y yo, que no los deseo contar. Se me escapan a respiro, Sin poderlos detener.

Como arrojarle oxígeno a la lumbre, Dejando, sólo, marcas en la cara. Columpian las lágrimas por debajo de los ojos. Llenos de anhelos deseosos, Olvidados en la efímera eternidad.

Todo se torna a nada. Mientras padre tiempo se divierte, Arrancándome partes de mi alma. Sin frenos por el torrente camino, Víctima de otro amanecer.

Otro día más se tira a la muerte, Sin escucharme pedir piedad. Es un volcán de labios rojos, Que me destruye, a trazos, la calma. Atraco invisible, despellejo de mi ser.