Extraño morir

               entre espacios vacios

respirar el polvo del tiempo 

que me envejece sin voluntad.

Ahogarme en el lodo negro

                                                  de mi mente

y disfrutar de su frescura.

Rondar hambriento por los bosques

                              perdidos en mí ser

aullar a la luna de sangre

sentir la libertad del viento nocturno.

Tocar el fuego imperdonable 

              de cada pensamiento 

que me parte y me asesina 

                    me congela los pulmones.

Extraño la música de mis cuerdas vocales

en la cúspide de su dolor

volverme una sombra y perseguirme 

                                    en círculos continuos.

Ingerir la niebla tóxica

de los cuervos que me acosan

esperan la muerte de mi carne

                  el derrumbe de los huesos.

Extraño ver hacia adentro

y sus horrores

probar    de  nuevo     el sabor de las heridas

                     marcas de un ayer enloquecido.

Extraño la furia de tambores

la guerra y dioses paganos

          la espuma entre los dientes

manos ensangrentadas  y la melodía macabra 

                                                            de un violín.